Vecinos de Palma llenan las plazas para recuperar su espacio público
¿Cómo enfrentarse a la masificación turística?
En un mundo donde el turismo parece haber invadido hasta el último rincón de nuestras ciudades, muchas comunidades se encuentran buscando formas creativas de reclamar su espacio. Este es el caso de los vecinos de Palma, que han decidido tomar cartas en el asunto. En lugar de rendirse ante la avalancha de turistas, han optado por una estrategia inesperada: llenar las plazas centrales con cenas comunitarias. Pero detrás de este acto, hay mucho más que simple resistencia; se esconde una lucha por recuperar el sentido de comunidad.
La ciudad de Palma recibe cada año a millones de turistas. En 2022, la cifra alcanzó los 13,6 millones. Esto ha transformado espacios emblemáticos como la plaza de la Catedral en lugares donde ya no se puede disfrutar del vecindario y las comidas familiares. El colectivo Brunzit ha lanzado una iniciativa que combina el ocio, la reivindicación y la convivencia.
El fenómeno Brunzit y sus cenas a la fresca
Concebido como una forma pacífica de reclamar estos espacios públicos, Brunzit organiza cada miércoles cenas comunitarias en diferentes plazas, reuniendo a unos 500 residentes que aportan sus tuppers llenos de comida casera. La idea no es solo socializar y compartir un buen rato entre vecinos; también busca visibilizar cómo los restaurantes y terrazas orientados al turismo han reducido el acceso al espacio urbano para los locales.
Pau Riera, portavoz del colectivo, destaca que su movimiento responde a un fenómeno observado en varias ciudades españolas: un crecimiento exponencial de terrazas que creen condiciones desfavorables para quienes realmente viven en las áreas céntricas. ¿Es justo que un lugar que debería ser compartido se limite solo a quienes pueden pagar una consumición? Así surge el concepto “sopar a la fresca”, no solo como una cena, sino como un acto político.
La lucha por espacios comunes y la soledad urbana
A medida que las comunidades locales intentan reconquistar estas plazas, también nos encontramos con otro reto: la soledad creciente entre nuestros mayores. En España, se estima que el 20% de las personas mayores de 75 años se siente solitaria. Estas cenas ofrecen mucho más que comida; son encuentros significativos donde los residentes pueden reconectar con sus vecinos y combatir ese sentimiento de aislamiento. Según estudios recientes, compartir una comida puede mejorar significativamente la salud mental y emocional.
Las implicaciones sociales van más allá de los simples encuentros semanales en las plazas. Hablamos aquí sobre cuestiones fundamentales acerca del sentido del hogar y pertenencia. Ejemplo claro es lo sucedido en otros lugares como Madrid o Barcelona donde se ha multiplicado el número de terrazas, creando lo que algunos llaman un “espacio exclusivo” para forasteros y turistas en detrimento del residente local.
| Año | Número de Terrasas (Madrid) | Número total (mesas y sillas) |
|---|---|---|
| 2019 | 4,217 | 63,000+ |
| 2023 | 6,472 | 204,959 |
Los números hablan por sí solos y nos muestran cómo se va restringiendo el acceso a esos lugares “de todos”. Mientras tanto, iniciativas solidarias como Brunzit continúan ganando fuerza. Cada cena es más que una reunión; representa un grito colectivo contra ciertos modelos económicos que priorizan el beneficio inmediato sobre las necesidades reales del tejido social.